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LOS 3 EJEMPLOS PARALELOS DE LOS 2 PACTOS

Actualizado: 20 nov

La nación de Israel fue el pueblo de dos pactos: el primero fue establecido en el monte Sinaí entre Dios e Israel y su mediador fue Moisés. Juan 1:17 dice que la ley por medio de Moisés fue dada. Este pacto contenía 623 clases de leyes: los 10 mandamientos más los 613 estaban compuestos por preceptos morales, ceremoniales y civiles. Fue la constitución del pueblo.


Antiguo Pacto: Estaba caracterizado por una condicionalidad de bendiciones por obediencia del pueblo y por desobediencia (Deuteronomio 28). Israel fue llamado a ser un reino de sacerdotes y nación santa (Éxodo 19:5-6). Se sostenía por medio de un sistema de sacrificios de animales ofrecidos para expiar de manera temporal la culpa de los pecados de las doce tribus (Levítico 1–7; Hebreos 10:1-4). Fue una ley temporal y preparatoria considerada una “sombra de los bienes venideros” (Hebreos 10:1), apuntando hacia el Mesías de Dios. era conducida por el ministerio de los sacerdotes levitas que oficiaban para el pueblo en el tabernáculo de Moisés, luego en el templo de Salomón (judío) y finalmente en el segundo templo de Herodes (gentil romano) y su centro de operación fue Jerusalén. Fue el monopolo de la carne. Fue un pacto exterior en la tabla. Tenía una eficacia imperfecta: La Ley era buena, pero no podía impartir vida, salvación, aceptación, ni lograr la justicia real (justificación) debido a la debilidad del hombre (Romanos 3:20). Fue un pacto de obra.

 

Nuevo Pacto: estaba caracterizado por la Fe en el sacrificio perfecto del Cordero de Dios. Debido a que fue encarnado sin pecado estaba calificado para quitar de en medio el pecado (Juan 1:299 (Hebreos 9:26). Fue el pacto de redención para perdón de pecados (Efesios 1:7).

Este Brit Hadashá estaba profetizado en Jeremías 31:31-34 para Israel. Para expiar la iniquidad. Para perdonar sus pecados. Para lograr el cambio de corazones: de piedra (endurecimiento) a carne (sensibilidad espiritual). La ubicación del primer era la tabla y la del segundo el corazón (2 Corintios 3:7).


Fue inaugurado en Jerusalén en la celebración del Pesaj o última cena de Yahshúa con los doce. Yahshúa fue el mediador del “Pacto Renovado”. Fue incondicional porque no dependía de la obra del pactante humano sino en la gracia del pactante divino. Fue un pacto de Fe en Cristo. El Cordero fue ofrecido una vez y para siempre como el sacrificio perfecto y único (Hebreos 10:12,14). Fue un pacto hacia la interioridad. Fue un pacto para aliar a judíos y gentiles en un solo cuerpo espiritual en Cristo (Efesios 2:18) (1 Corintios 12:13). El primer pacto fue de monte, pero el nuevo pacto fue un pacto de cruz. El sello del primero fue el dedo de Dios y el sello del segundo fue el Espíritu de Dios.


El Antiguo Pacto reveló el pecado del hombre (demostrando su incapacidad para cumplirlo) y sirvió como un "ayo" o tutor para guiar a Israel hacia Cristo (Gálatas 3:24). El Nuevo Pacto proveyó la solución al problema del pecado a través del sacrificio de Cristo, inaugurando una era de relación con Dios basada en el perdón y la capacitación del Espíritu Santo para la obediencia.


Vemos tres parejas en paralela que nos mostraron los dos pactos como una coordinación de sustantivos (Ambos son independientes y no explican el uno al otro).


Fariseo y Publicano: El relato del Fariseo y el Publicano (Lucas 18:9–14) son el contraste entre el Pacto de la Ley y el Pacto de la Gracia. La postura del fariseo en el templo era la de un líder de Israel erguido y seguro de sí mismo y la del publicano era la de un hombre contrito y humillado por su pecado que sin levantar los ojos esperaba la misericordia y el perdón de Dios.


El fariseo se auto justificó. Creía ser aceptado a los ojos de Dios por sus obras o actos religiosos. Yo oro, ayuno, doy diezmos. El publicano se inclinó hacia la compasión de Dios. Sé propicio a mi que soy pecador. La conciencia del fariseo estuvo basada en méritos y comparaciones. La conciencia del publicano en su necesidad de perdón y dependencia de la misericordia de Dios.


El fariseo en relación con el antiguo pacto de la ley fue un cumplidor externo que lo hizo orgullo o jactancioso. El publicano reveló la actitud que se debe hacer en el nuevo pacto, la de reconocer su transgresión a fin de ser perdonado.


La relación del fariseo ante Dios fue desde la distancia y sin intimidad. La relación del publicano ante Dios fue desde la rendición con acceso a la justificación. El efecto final para el fariseo fue salió no justificado, no aceptó, no calificado a los ojos de Dios. El publicano en cambio salió justificado por la gracia de Dios.


El Fariseo representa al hombre bajo el Antiguo Pacto, confiado en obras, méritos y cumplimiento externo. El Publicano encarna al hombre que accede al Nuevo Pacto, reconociendo su necesidad y recibiendo justificación por Fe en Cristo.


Hijo Mayor e Hijo Prodigo: Vemos en la parábola del Hijo Pródigo en Lucas 15:11–32 una representación vivencial de los dos pactos. El mayor es una representación de la ley. El prodigo de la gracia. El mayor tiene la postura de exigir posición, justicia porque está dentro del templo (La casa de Su Padre). El prodigo tiene la postura de un perdido que regresa a la casa de Su Padre, rendido, pidiendo misericordia.


El discurso del mayor es “Padre” te he servido y nunca me diste un buey engordado. El del prodigo es “Padre” no soy digno, hazme como uno de tus jornaleros. La relación del mayor estaba basada en los méritos y su sujeción externa. La del prodigo estaba basada en el perdón y la restauración.


La conciencia espiritual del mayor era la comparación y la auto justificación. La del prodigo era dependencia y arrepentimiento. El efecto del mayor fue que quedó por fuera del banquete. El del publicano de fiesta, con un anillo de oro, un becerro engordado, y un nuevo vestido.


La imagen del pacto del mayor nos revela a un hombre heredero por ley del Padre, pero sin intimidad. La del prodigo restaurado por gracia con una identidad renovada.


El hijo mayor representa al hombre bajo el Antiguo Pacto: obediente, pero sin revelación del corazón del Padre, atrapado en la lógica de méritos. El hijo pródigo encarna al que accede al Nuevo Pacto: quebrantado, pero abrazado por la gracia, restaurado en identidad y comunión.


Los dos ladrones: El episodio de los dos ladrones crucificados junto a Yahshúa en Lucas 23:39–43 es una representación dramática del contraste entre el Pacto de la Ley y el Pacto de la Gracia, justo en el umbral de la cruz, donde ambos pactos convergen.


El ladrón incrédulo hace el discurso de la burla y la exigencia de sálvate a ti mismo porque es un hombre bajo la obra de la ley. El ladrón arrepentido reconoce sus actos, no se justifica, y pide al Señor que se acuerde de él. El ladrón incrédulo en su relación con la justicia se basa en la exigencia, sin conciencia de pecado. La del ladrón arrepentido se basa en su reconocimiento, humildad, confesión y rendición. La conciencia espiritual del ladrón incrédulo es ceguera, orgullo e incredulidad. La del ladrón arrepentido es de fe y de quebranto.


La relación del ladrón incrédulo respecto a Cristo es desde la distancia sin intimidad. La del ladrón arrepentido es la de cercanía, confianza y esperanza. El efecto final para el ladrón incrédulo fue el silencio del juicio, separación de Cristo. La del ladrón arrepentido es una promesa la de estar con Cristo en el paraíso.


La imagen del pacto del ladrón incrédulo es un hombre endurecido en su dolor, bajo el peso de la ley. La del ladrón arrepentido es un hombre transformado en su agonía por gracia.


El ladrón incrédulo representa al hombre atrapado en la lógica del mérito, la exigencia y la incredulidad: aún en la cruz, exige sin rendirse. El ladrón arrepentido encarna al que accede al Nuevo Pacto: reconoce su condición, clama por misericordia y recibe acceso inmediato al Reino. Este momento es el umbral profético donde la cruz se convierte en puerta: uno queda fuera por la ley, el otro entra por la gracia.


El nuevo pacto es para gente como el publicano, hijo prodigo, y el ladrón arrepentido. Los tres fueron justificados por confianza en Cristo y no por sus buenas o malas obras (Romanos 5:1). El sacrificio de Cristo fue único y suficiente. No hay necesidad de sacrificios repetidos: “Sus pecados y sus iniquidades no los recordaré más” (Hebreos 8:12).  


Ya no hay mediación sacerdotal humana: Cristo es nuestro sumo sacerdote eterno. Podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia (Hebreos 4:16).


Transformación interior: La ley ya no está escrita en piedra, sino en el corazón (Jeremías 31:33). El Espíritu Santo nos capacita para vivir en santidad y vencer el pecado.  Libertad espiritual: Liberación del poder del pecado y de la condenación (Romanos 8:1–2). La gracia no es licencia para pecar, sino poder para no hacerlo. Identidad como hijos: Somos adoptados como hijos de Dios, coherederos con Cristo (Romanos 8:15–17). Nuestra identidad ya no está definida por la ley, sino por la relación con el Padre.


*Este documento pertenece a Somos Reino Internacional del Ministerio Mentor Dr. Rey Estrada. Escritor. Teólogo. Mentor del Reino. psicólogo. Puede usarse si copia y pega sin alterar el contenido ni quitar ni agregar. El Autor es el único responsable de presentar defensa de su escrito.  Derecho Reservado.

 

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